Las secuelas de Avatar se han vuelto un grial inalcanzable en una situación dividida entre lo triste y lo cómico. La primera película se estreno en 2009, y luego de convertirse en la película más taquillera de la historia con 2.79 mil millones de dólares (hasta que Avengers: Edgame la destronó), el anuncio de una secuela no se hizo esperar, aunque de una manera... complicada, por decir lo menos. James Cameron quería hacer dos secuelas, que luego se convertirían en cuatro, pero siguiendo los pasos de El Señor de los Anillos, quería filmar todas a la vez... si, todas. ¿Un riesgo económico para cualquier estudio? efectivamente, pero ¿una apuesta que valía la pena hacer? también, es Cameron al fin y al cabo, el "Rey Midas de Hollywood", un tipo que toma propiedades en las que nadie cree y las convierte en monstruos taquilleros. Seguro, Fox pagó el capricho, pero el capricho tardó tanto que hoy, con Disney a la cabeza, aún no hemos podido ver ninguna de las películas con nuestros propios ojos. Hay demasiadas preguntas en el aire, pero la más importante es: ¿a alguien aún le importa? ¿o es que ya ha pasado demasiado tiempo como para que estás secuelas tengan el éxito que podrían haber tenido hace diez años?
