Hubo un tiempo a inicios de los años 2000, donde el mundo fue dominado por la fantasía a gran escala de Harry Potter y El Señor de los Anillos, dos sagas que estaban haciendo admirables cantidades de dinero en la taquilla internacional, además de tener una buena recepción crítica y, en el caso de la adaptación de Tolkien, incluso llevándose los más prestigiosos premios de la industria. ¿Qué tienen en común ambos proyectos? que ninguno estaba hecho por Disney. La casa del ratón ansiaba poder tener su propia franquicia cinematográfica fantástica, y es entonces que deciden producir la adaptación de la saga de Narnia, una serie de famosos libros infantiles que eran parte de la literatura clásica desde 1950. Esta historia lo tenía todo, desde protagónicos que podían crecer con el pasar de las películas como en Harry Potter, hasta grandes y épicas batallas como las de El Señor de los Anillos, ¿Qué podía salir mal?... pues, todo. Pero no nos adelantemos, antes, debemos ir al génesis de todo este desastre.
