La historia de Disney es una maldita montaña rusa. Tras la muerte de Walt, el interés del estudio viró en dirección al live-action, poniendo menos esfuerzos en la animación tradicional y por ende, provocando una caída notoria en su calidad. Esto causó el primer traspié de aquellos tiempos oscuros: Don Bluth (Anastasia, Un Cuento Americano, etc.) deja el estudio junto a otros 11 animadores con el objetivo de revitalizar la animación que Disney había forjado en el pasado, fundando su propio estudio y convirtiéndose en la competencia de la compañía del ratón por varios años (esta historia de rivalidad la dejamos para otra entrada). En este tiempo se producirían cintas como Los Aristogatos, Robin Hood o Bernardo & Bianca, queridas por muchos ahora, pero en aquel entonces bastante criticadas. Este período termina con el ya conocido "Renacimiento de Disney", donde el éxito de La Sirenita inicia la moda de cintas "estilo ópera musical de Broadway", produciendo así algunos exitazos como El Rey León, Aladdin y La Bella y la Bestia. Esta etapa comenzaría a experimentar más adelante con nuevos estilos, pariendo cintas como Mulán, Pocahontas y Hércules, ignorando que la verdadera revolución aún estaba por llegar. Las cabezas de Disney tenían otras prioridades en aquel momento, por lo que -casi sin prestar mucha atención- dieron luz verde al nuevo proyecto de los directores de La Bella y la Bestia y El Jorobado de Notre Dame, comprobadísimos ambos. El nombre de esta aventura fue Atlantis: El Imperio Perdido, y todos apostaban a que iba a ser un golazo... ¿Qué pasó?
